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Capítulo I — Warcraft: Orcs & Humans (1994): La Primera Guerra

Publicado: Jue Ago 13, 2026 12:35 am
por ADMIN

Un mundo en paz

Antes de que nada de esto ocurriera, Azeroth era, en gran parte, un lugar tranquilo. El reino humano de Ventormenta prosperaba bajo el gobierno del rey Llane Wrynn, un monarca justo y querido por su pueblo. Sus caballeros mantenían el orden, sus clérigos velaban por los enfermos, y en la Torre de Karazhan, al sur del reino, vivía retirado el hombre que se suponía debía protegerlos a todos de cualquier amenaza sobrenatural: Medivh, el último Guardián de Tirisfal.

Nadie sabía —ni siquiera él mismo, durante años— que Medivh llevaba dentro la semilla de la catástrofe que estaba a punto de desatarse.

La semilla envenenada: Aegwynn, Sargeras y el nacimiento de Medivh

Siglos antes de que empezara esta historia, la Guardiana de Tirisfal de aquella época, la poderosísima hechicera Aegwynn, se enfrentó y —según creyó ella misma— destruyó al titán caído Sargeras, el señor oscuro que había fundado la Legión Ardiente tras rebelarse contra el orden cósmico de los propios titanes. Pero Sargeras no murió del todo: en el instante de su derrota, vertió su esencia demoníaca en el cuerpo de Aegwynn, ocultándose en su interior como una semilla dormida, a la espera de una oportunidad.

Esa oportunidad llegó años después. Aegwynn, cansada del control que el Concejo de Tirisfal ejercía sobre los guardianes, decidió tener un hijo propio para heredar su poder sin depender de esa orden. Concibió a un niño junto al archimago de la corte de Ventormenta, Nielas Aran, y lo llamó Medivh —"guardián de los secretos" en la lengua de los elfos nobles—. Lo que Aegwynn no podía imaginar es que, en el momento de la concepción, el espíritu de Sargeras que llevaba dentro se trasladó al niño no nacido, fusionándose con él antes incluso de que respirara por primera vez.

Medivh creció como un joven brillante, ajeno a la presencia que dormía en su interior. Fue amigo de la infancia del propio Llane Wrynn y de un joven caballero llamado Anduin Lothar. Pero al alcanzar la madurez, cuando el poder de Guardián despertó plenamente en él, algo más despertó también. Durante años, la influencia de Sargeras fue corrompiendo lentamente la mente de Medivh, empujándolo hacia una obsesión: encontrar una fuerza capaz de arrasar Azeroth y abrir el camino hacia la Tumba de Sargeras, un lugar sellado donde descansaban los restos físicos del titán caído.

Esa fuerza, Medivh la encontró en un mundo que ni siquiera pertenecía al suyo.

Draenor: el pacto de Gul'dan y la caída de los clanes orcos

A través de sueños y visiones, Medivh contactó con un chamán orco de nombre Ner'zhul, y más tarde con uno de sus discípulos: un joven ambicioso llamado Gul'dan. En aquella época, los clanes orcos de Draenor vivían en una relativa armonía con los draenei nativos del planeta, siguiendo las tradiciones chamánicas que honraban a los espíritus de los elementos.

Esa paz se rompió cuando la Legión Ardiente, a través de su agente Kil'jaeden, decidió utilizar a los orcos como arma contra los draenei —a quienes la Legión odiaba profundamente por su origen común con los eredar corrompidos—. Kil'jaeden se apareció a Ner'zhul en sueños, haciéndose pasar por la voz de su difunta esposa, y poco a poco fue sembrando la idea de unir a todos los clanes orcos bajo un único mando. Cuando Ner'zhul empezó a sospechar del origen de aquellas visiones y trató de alejarse, fue su propio aprendiz, Gul'dan, quien tomó su lugar: se entregó voluntariamente a Kil'jaeden a cambio de poder.

Gul'dan reunió entonces a un grupo de brujos orcos afines a sus ambiciones y fundó el Consejo de las Sombras, una orden secreta que empezó a mover los hilos de la sociedad orca desde la sombra. Para dar una cara pública y respetable a ese control, colocaron al frente como Jefe de Guerra a Puño Negro el Destructor, líder del Clan Roca Negra —un títere de cara al resto de los clanes, mientras el poder real seguía en manos de Gul'dan—.

El golpe final llegó cuando Gul'dan y Kil'jaeden ofrecieron a los líderes de los clanes orcos beber la sangre del señor del pozo Mannoroth. Grommash Grito de Guerra, del Clan Grito de Guerra, fue el primero en beberla, y tras él, casi todos los demás jefes de clan siguieron su ejemplo. La sangre demoníaca transformó a los orcos: de un pueblo chamánico y relativamente pacífico pasaron a convertirse en una fuerza guerrera imparable, sedienta de sangre, prácticamente una extensión de la voluntad de los propios demonios a los que ahora servían sin saberlo. Solo un jefe de clan se negó a beber la sangre: Durotan, del Clan Lobo Gélido, que fue declarado proscrito por Gul'dan y tuvo que huir con su gente para sobrevivir.

Con los orcos ya corrompidos y unificados, Gul'dan cumplió el primer encargo de sus amos: llevó a la Horda a exterminar a los draenei de Draenor casi por completo.

El trato entre Medivh y Gul'dan

Con Draenor ya sometida al caos y la sangre de Mannoroth corriendo por las venas de casi todos los clanes, Medivh —actuando bajo la influencia de Sargeras— contactó directamente con Gul'dan en sueños. Le mostró visiones de un nuevo mundo, rico y desprotegido: Azeroth. Y le hizo una oferta: si Gul'dan conducía a la Horda a través de un portal hasta ese mundo y aniquilaba a los humanos que lo habitaban, Medivh le revelaría la ubicación exacta de la Tumba de Sargeras, un lugar de poder inconmensurable, protegido contra demonios y contra humanos... pero no contra orcos.

Gul'dan aceptó. Juntos, el Guardián poseído y el brujo orco comenzaron a trabajar en la construcción de un portal dimensional permanente entre Draenor y Azeroth: el que con el tiempo pasaría a conocerse como el Portal Oscuro.

La apertura del portal y la invasión

En un primer momento, el portal era pequeño, apenas suficiente para que individuos cruzaran de uno en uno. Gul'dan envió exploradores como avanzadilla, entre ellos al clan Colmillo Sangriento, para estudiar el terreno de este nuevo mundo antes de comprometer al grueso de la Horda. Con el tiempo, el portal fue ampliado hasta permitir el paso de ejércitos enteros.

Cuando los orcos cruzaron finalmente a Azeroth en masa, atacaron primero con confianza, convencidos de que los humanos serían un rival fácil. Su primer asalto directo contra el mismísimo Castillo de Ventormenta resultó, sin embargo, en una derrota catastrófica: pocos orcos sobrevivieron a aquella primera batalla, y durante un tiempo la recién formada Horda pareció a punto de derrumbarse en el caos y las luchas internas entre clanes.

Pero Gul'dan y el Consejo de las Sombras no se rindieron. Reorganizaron a los clanes, y con el tiempo la Horda regresó a la ofensiva, esta vez con un ejército mucho mejor coordinado. Año tras año, fueron desgastando las defensas del reino, arrasando aldeas, saqueando granjas y asediando fortalezas. Los humanos, liderados por el rey Llane Wrynn y su comandante militar Anduin Lothar —el mismo que de niño había sido amigo de Medivh—, resistieron con valentía, pero la maquinaria de guerra orca resultó, con el paso de los años, imparable.

La traición se descubre: la muerte de Medivh

Mientras la guerra se intensificaba, el joven aprendiz de Medivh, un mago llamado Khadgar, empezó a sospechar de su maestro. La confirmación le llegó de la forma más inesperada: a través de Garona, una asesina mestiza —mitad humana, mitad orca— enviada por la Horda a Karazhan, con quien Khadgar entabló una alianza improvisada al descubrir juntos la verdad. Medivh estaba comunicándose psíquicamente con Gul'dan, ayudando activamente a la Horda desde las sombras.

Khadgar y Garona corrieron a Ventormenta para avisar al rey Llane y a Anduin Lothar. Costó que le creyeran —Medivh había sido amigo de ambos desde la infancia—, pero finalmente Lothar reunió una partida de soldados y regresó con Khadgar y Garona a Karazhan, decidido a poner fin a la traición de su amigo con sus propias manos.

El enfrentamiento en la torre fue durísimo: el propio poder de Guardián que Medivh llevaba dentro era temido incluso por los dragones. Garona cayó herida pronto en el combate, pero fue Khadgar quien finalmente asestó el golpe decisivo, clavando una espada en el corazón de su maestro para liberarlo del control de Sargeras, mientras Lothar remataba el golpe. Medivh murió en su propia torre. La maldición residual de aquel momento marcó a Khadgar para siempre: en cuestión de segundos, su cuerpo envejeció de golpe, convirtiendo a un joven de apenas diecisiete años en un anciano de larga barba blanca.

La muerte de Medivh, sin embargo, llegó demasiado tarde para cambiar el curso de la guerra: la Horda, ahora bajo el mando del cada vez más despiadado Puño Negro, ya no necesitaba la guía del Guardián para continuar su avance.

La caída de Ventormenta

El asedio final llegó tras casi cinco años de guerra continuada. Las hordas orcas, lideradas por Puño Negro, rodearon el Castillo de Ventormenta como buitres alrededor de un cadáver. Las murallas cayeron, las torres ardieron, y el propio rey Llane Wrynn encontró la muerte entre las ruinas de su reino —según algunas versiones de la historia, asesinado por Garona, una asesina medio orca medio humana manipulada por el propio Gul'dan—.

Con el rey muerto y el castillo en llamas, la resistencia organizada del reino de Azeroth se desmoronó. Anduin Lothar, viendo que la guerra estaba perdida, tomó una decisión que salvaría a lo que quedaba de su pueblo: reunió a tantos supervivientes como pudo —soldados, civiles, familias enteras— y los condujo en un éxodo desesperado a través del Gran Mar, hacia el norte, hacia las tierras del reino humano de Lordaeron, donde esperaba encontrar refugio y, quizás, aliados dispuestos a ayudar a reconquistar lo perdido.

Detrás de ellos quedaba un reino destruido. Los orcos, exhaustos tras años de campaña pero exultantes por la victoria, se instalaron sobre las ruinas de Azeroth sin saber que aquella conquista no sería el final de la historia, sino solamente el principio de algo mucho más grande.

Lo que queda tras la Primera Guerra

Cuando el polvo se asienta sobre las ruinas de Ventormenta, el mapa de poder en Azeroth ha cambiado por completo:
  • Un reino ha caído. Azeroth, el reino que da nombre a todo el planeta, queda bajo control orco, y sus supervivientes son ahora refugiados en tierra extraña.
  • Anduin Lothar se convierte en la figura que mantiene viva la esperanza de la resistencia humana, y será una pieza clave en lo que está por venir.
  • La Horda, pese a la victoria, sigue siendo una fuerza inestable: corrompida por la sangre de Mannoroth, dividida en clanes con ambiciones propias, y controlada en secreto por un Consejo de las Sombras cuyos verdaderos objetivos van mucho más allá de la conquista de un solo reino.
  • Medivh, el hombre —o lo que quedaba de él— que hizo posible todo esto, ha muerto a manos de su propio aprendiz y de su mejor amigo, pero el daño que desató ya no tiene marcha atrás. Su torre de Karazhan queda abandonada, marcada para siempre por la explosión mágica que liberó la muerte del Guardián.
  • Khadgar, envejecido por la maldición de aquel último enfrentamiento, sobrevive y se convertirá en una figura clave en lo que está por venir.
La guerra ha terminado. La siguiente, sin embargo, ya se está gestando: los supervivientes de Lordaeron no tardarán en descubrir que la Horda no se ha quedado satisfecha con Azeroth, y que el propio Portal Oscuro sigue abierto de par en par.

Guía elaborada a partir de fuentes oficiales de Blizzard y de las wikis de referencia de la comunidad hispanohablante, contrastando cada sección contra varias fuentes antes de redactarla. Continúa en el Capítulo II: Warcraft II: Tides of Darkness — La Segunda Guerra.