Capítulo VIII — Wrath of the Lich King (2008)

La historia de Warcraft, capítulo a capítulo.
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ADMIN
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Capítulo VIII — Wrath of the Lich King (2008)

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El despertar de Rasganorte

Seis años han pasado desde que Arthas Menethil se fusionara con el Rey Exánime en la cima de Corona de Hielo. Durante todo este tiempo, mientras Azeroth centraba su atención en la amenaza de la Legión Ardiente en Terrallende, Arthas ha estado sometiendo poco a poco la voluntad de Ner'zhul en su interior, hasta convertirse en la personalidad dominante y absoluta de la entidad fusionada.

Con su control ya consolidado, y liberando además a la poderosa dragona de escarcha Sindragosa de su prisión helada, el Rey Exánime decide que ya no tiene motivos para seguir escondido. Ordena a su Azote lanzar ataques directos contra las dos grandes capitales de Azeroth: Ventormenta y Orgrimmar.

Ambas ciudades logran repeler el ataque, pero el mensaje es inequívoco: el Rey Exánime ha vuelto a la ofensiva. La Horda y la Alianza, cada una por su cuenta, deciden enviar sendas expediciones militares al continente helado de Rasganorte para enfrentar la amenaza en su propio origen: la Alianza liderada por Bolvar Fordragón, la Horda por Garrosh Grito de Guerra, hijo del difunto Grom.

Un continente de amenazas antiguas

Rasganorte no es solo el hogar del Rey Exánime. Ambas expediciones descubren pronto que el continente alberga peligros propios que llevan milenios esperando:
  • Los vrykul, una raza de gigantes guerreros ancestros de los propios humanos, custodios de antiguos secretos sobre el origen de los mortales de Azeroth.
  • Los nerubianos, una civilización de arácnidos subterráneos que habitan el vasto imperio en ruinas de Azjol-Nerub, muchos de ellos ya esclavizados por el Azote, aunque no todos.
  • Malygos, el Aspecto del vuelo azul, que tras la muerte de su consorte durante la Tercera Guerra declara la guerra a cualquiera que se atreva a practicar la magia arcana en su territorio, obligando al Kirin Tor a trasladar la propia ciudad flotante de Dalaran hasta Rasganorte para poder hacerle frente.
  • Y en las profundidades de la montaña Ulduar, una antigua instalación construida por los propios titanes, permanece sellado un guardián corrompido —Yogg-Saron, otro de los Dioses Antiguos— cuya influencia ha llevado incluso al guardián titán encargado de vigilar Rasganorte, Loken, a traicionar su propósito original.

La traición en la Puerta de la Cólera

El momento más decisivo de toda la campaña llega en Angrathar, la Puerta de la Cólera, la entrada fortificada a la propia Ciudadela de la Corona de Hielo. Tras semanas de asedio conjunto, Bolvar Fordragón y Saurfang el Joven —hijo del legendario general orco Varok Saurfang— deciden algo sin precedentes: unir temporalmente las fuerzas de la Alianza y la Horda para atacar juntos al Rey Exánime en persona.

El propio Arthas sale a su encuentro. Saurfang el Joven, en un arrebato de valentía casi temeraria, lo ataca directamente, pero es derrotado y asesinado por el filo de Frostmourne, que además consume su alma. En ese instante, cuando la batalla conjunta parece a punto de decidirse, ocurre lo impensable: desde los acantilados que dominan el campo de batalla, el Gran Boticario Putress, líder de la Sociedad Real de Boticarios de los Renegados, lanza sobre ambos ejércitos —Alianza, Horda, e incluso sobre el propio Azote— una Nueva Plaga experimental, sin que nadie, ni siquiera Sylvanas, tuviera conocimiento de su plan.

El gas mortal diezma a ambos bandos. El propio Rey Exánime, visiblemente afectado, se ve obligado a retirarse de vuelta a su fortaleza. Bolvar Fordragón, envuelto en las llamas de dragones rojos convocados para intentar quemar la plaga en el aire, es dado por muerto en la confusión de la batalla.

La traición de Putress —cuyo origen real, se descubriría después, estaba ligado a una manipulación del Señor del Terror Varimathras— tiene consecuencias que van mucho más allá del propio campo de batalla: al enterarse de lo ocurrido, el rey Varian Wrynn rompe definitivamente la ya frágil tregua entre la Alianza y la Horda, jurando venganza. La breve alianza entre ambas facciones frente al Azote, nacida en Angrathar, muere con la misma rapidez con la que había nacido.

El destino de Bolvar

Bolvar Fordragón, sin embargo, no había muerto. Gravemente desfigurado por las llamas y por la Nueva Plaga, fue capturado por el Azote y llevado hasta la propia Ciudadela de la Corona de Hielo, donde el Rey Exánime lo sometió a una tortura prolongada, intentando doblegar su voluntad para convertirlo en su nuevo Caballero de la Muerte —tal y como había ocurrido con tantos otros antes que él—. A diferencia de Saurfang el Joven o de otros caídos en el intento, el espíritu de Bolvar resistió cada intento de corrupción, negándose a ceder ante el Rey Exánime pese a todo lo que este le hizo sufrir.

El asalto final a la Ciudadela de la Corona de Hielo

Con Varian Wrynn de vuelta al mando de Ventormenta tras el engaño de Onyxia, y con la traición de Angrathar todavía fresca en la memoria de ambas facciones, la guerra contra el Azote continúa, esta vez sin pretensión alguna de tregua entre Horda y Alianza. Bajo el mando del Gran Señor Tirion Fordring —el paladín que había fundado la Cruzada de Plata tras años combatiendo tanto a la Cruzada Escarlata como al propio Azote—, los campeones de Azeroth se preparan para el asalto definitivo a la Ciudadela de la Corona de Hielo.

Dos figuras, cada una con sus propios motivos, se unen también a la ofensiva final: la archimaga Jaina Proudmoore, que durante años ha albergado la esperanza de que quede algún resto del hombre que una vez amó dentro del monstruo en el que se convirtió Arthas; y Sylvanas Brisaveloz, reina de los Renegados, que busca por fin una venganza que lleva persiguiendo desde la Tercera Guerra.

Los campeones de Azeroth se abren paso a través de toda la ciudadela, enfrentándose a los lugartenientes más poderosos del Rey Exánime —incluyendo a la propia Sindragosa— hasta llegar, finalmente, a la cima: el Trono de Hielo.

La caída de Arthas

El enfrentamiento final entre Tirion Fordring, sus aliados y Arthas Menethil tiene lugar en el mismo trono donde, años atrás, el propio Arthas se fusionara con Ner'zhul. En un combate decisivo, Frostmourne es destruida, liberando de paso las miles de almas que la espada maldita había consumido a lo largo de los años —entre ellas, se dice, un fragmento del propio espíritu del rey Terenas Menethil, el padre de Arthas, que advierte a los presentes de una verdad incómoda: sin un Rey Exánime que controle a la Plaga desde el Trono de Hielo, el Azote quedaría completamente descontrolado, libre de propagarse por todo Azeroth sin freno alguno.

Con Frostmourne destruida, Arthas cae, derrotado por fin. El príncipe que una vez fue —el hombre que investigó la plaga junto a Jaina, que purgó Stratholme convencido de estar haciendo lo correcto, que perdió toda su humanidad en el proceso— muere en la cima helada de Corona de Hielo.

El nuevo Rey Exánime

El trono, sin embargo, no puede quedar vacío. Consciente de la advertencia del espíritu de Terenas, y con Bolvar Fordragón —superviviente, desfigurado, pero con su voluntad intacta tras resistir la tortura del propio Rey Exánime— presente entre los supervivientes de la batalla, se toma una decisión desgarradora: alguien debe ocupar el lugar de Arthas para evitar que el Azote se desate sin control.

Bolvar se ofrece voluntario. Tirion Fordring, con gran pesar, coloca el yelmo de dominación sobre la cabeza de Bolvar, y el Trono de Hielo, antes agrietado, recupera su forma helada original. Una nueva voz emerge del yelmo, advirtiendo a los presentes que se alejen. Pero a diferencia de Ner'zhul o de Arthas, este nuevo Rey Exánime no es un tirano al servicio de la Legión ni un príncipe corrompido por la desesperación: es un guardián voluntario, decidido a que la amenaza que él mismo ahora encarna jamás vuelva a suponer un peligro para el mundo que juró proteger.

Epílogo: el final de un ciclo, el comienzo de otro

Con la caída de Arthas y el ascenso de Bolvar como el nuevo, y esta vez voluntario, guardián del Trono de Hielo, se cierra un ciclo de guerra, traición y corrupción que llevaba activo, de una forma u otra, desde el día en que un mago poseído por un titán caído abrió un portal entre dos mundos hace ya muchos años.

Es exactamente en este punto de la historia —con Arthas derrotado, el Azote momentáneamente contenido, y el propio Rasganorte todavía marcado por las cicatrices de la guerra— donde comienza la aventura de este servidor. Cada jugador que cruce las tierras heladas de Rasganorte, que se enfrente a los últimos restos del Azote, o que simplemente explore las ruinas de Corona de Hielo, estará caminando sobre un escenario construido con más de veinticinco años de historia: la Primera Guerra, la Segunda, la Tercera; la caída y redención de los orcos; el ascenso y la caída de un príncipe convertido en tirano; la Legión Ardiente, derrotada una y otra vez pero nunca destruida del todo.

La historia de Warcraft, como toda buena historia, no termina realmente aquí. Pero este es el punto exacto en el que la vuestra, la de cada jugador de este servidor, comienza.

Guía elaborada a partir de fuentes oficiales de Blizzard y de las wikis de referencia de la comunidad hispanohablante, contrastando cada sección contra varias fuentes antes de redactarla. Con este capítulo se cierra la serie "La Historia de Warcraft: de Orcs & Humans a la Ira del Rey Exánime". Consulta el índice completo en el Prólogo para revisar cualquier capítulo anterior.
Imagen IceTracks WotLK

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