Capítulo VII — The Burning Crusade (2007)
Publicado: Jue Ago 13, 2026 1:17 am
Tres años de calma aparente
Han pasado tres años desde que Illidan Tempestira, derrotado por Arthas en las puertas de Corona de Hielo, regresara a Terrallende para lamerse las heridas. Durante todo este tiempo, lejos de la vista de Azeroth, Illidan ha estado reconstruyendo silenciosamente su poder: consolidando su control sobre aquel mundo roto, reuniendo aliados, y estableciendo su trono en el antiguo templo draenei de Karabor, ahora conocido como el Templo Oscuro.Nadie en Azeroth sabe nada de esto. Hasta que, un día, el propio Terrallende llama a su puerta.
La reapertura del Portal Oscuro
Kazzak, Señor de la Destrucción, uno de los generales de la Legión Ardiente que llevaba tiempo merodeando cerca del Portal Oscuro desde el lado de Azeroth, logra finalmente reabrirlo, inundando las Tierras Devastadas con demonios. Tanto la Horda como la Alianza se ven obligadas a movilizarse de urgencia para repeler la invasión y evitar que la Legión gane una posición permanente en su propio mundo.Fue en este contexto de crisis cuando ambas facciones incorporaron a sus filas a dos nuevos pueblos, cada uno con sus propias razones para odiar a la Legión Ardiente:
- Los draenei, liderados por el profeta Velen, llegaron a bordo de la nave-mundo Exodar tras huir durante milenios de la persecución de la Legión Ardiente por todo el cosmos —los mismos draenei que, en su origen, habían sido perseguidos ya en Draenor por los propios orcos corrompidos por Kil'jaeden generaciones atrás—. Se unieron a la Alianza.
- Los elfos de sangre, liderados por sacerdotisas guerreras como Lady Liadrin y sus recién formados Caballeros de Sangre, buscaban venganza contra los demonios que habían arrasado Quel'Thalas y corrompido su amada Fuente del Sol durante la Tercera Guerra. Se unieron a la Horda.
Terrallende: un mundo de fantasmas del pasado
Al cruzar hacia la árida Península del Fuego Infernal, los expedicionarios de la Alianza se llevaron una sorpresa: allí, después de años de aislamiento, seguían encontrándose supervivientes de la propia Expedición de la Alianza que había quedado atrapada en Draenor durante la Segunda Guerra —los mismos Turalyon, Alleria, Khadgar, Kurdran y Danath que Azeroth llevaba décadas dando por héroes desaparecidos—. Años de aislamiento y de exposición a las energías corruptas del mundo roto habían dejado huella en algunos de ellos de formas que tardarían tiempo en revelarse del todo.La Horda, por su parte, entró en contacto con los Mag'har, orcos "sin corromper" que jamás habían llegado a beber la Sangre de Mannoroth ni a cruzar el Portal Oscuro durante la invasión original de Azeroth —entre ellos, descendientes directos de algunos de los clanes que Thrall llevaba años sin ver, incluyendo lazos de sangre con su propia familia.
El Templo Oscuro: la caída de Illidan
Illidan, mientras tanto, había pasado estos años consolidando su control sobre Terrallende junto a sus aliados de siempre —Lady Vashj y sus naga, y el príncipe Kael'thas y los elfos de sangre exiliados—, además de sumar a las fuerzas de los draenei tábidos, corrompidos por la Legión durante siglos, liderados por el anciano Akama, que juró lealtad a Illidan tras recibir su ayuda.Juntos, cerraron uno por uno los portales dimensionales por los que la Legión seguía filtrando demonios a Terrallende, y asaltaron el Templo Oscuro —entonces todavía en manos del señor del foso Magtheridon—, derrotándolo en su propia sala del trono.
La victoria duró poco. Una lluvia de fuego cayó sobre el templo, y Kil'jaeden apareció en persona, furioso por el fracaso continuado de Illidan a la hora de cumplir su verdadero encargo: destruir el Trono Helado del Rey Exánime. Illidan, desesperado por evitar la ira de su amo, alegó que estaba reuniendo fuerzas para un segundo intento. Kil'jaeden, viendo potencial en aquellos nuevos aliados, le concedió una última oportunidad... que Illidan, una vez más, no llegaría a cumplir del todo: cuando finalmente asaltó Rasganorte junto a Kael'thas y Vashj, fue el propio Arthas quien acudió a interceptarlo, derrotándolo de nuevo y obligándolo a retirarse definitivamente a Terrallende.
Al desobedecer una vez más las órdenes de su antiguo maestro, Kil'jaeden envió agentes propios a asediar el Templo Oscuro. Fue entonces, con Illidan ya debilitado y cada vez más aislado, cuando las fuerzas combinadas de la Horda y la Alianza, guiadas por Akama —que había terminado por desconfiar profundamente de Illidan— y por Maiev Sombra de Canción, la antigua carcelera que llevaba años persiguiéndolo, finalmente lograron entrar en el Templo Oscuro y derrotar al Traidor. Hasta el día de hoy, se desconoce qué fue exactamente de su cuerpo tras la batalla.
La traición de Kael'thas
La derrota de Illidan, sin embargo, resultó ser solo el principio de una amenaza mayor. Se reveló entonces que uno de sus aliados más cercanos, el príncipe Kael'thas Caminante del Sol, lo había traicionado hacía tiempo, sucumbiendo de nuevo a la insaciable sed de magia arcana que consumía a su pueblo desde la destrucción de la Fuente del Sol —una debilidad que Kil'jaeden había sabido aprovechar para reclutarlo en secreto como agente de la Legión Ardiente.Kael'thas, atrincherado en el Castillo de la Tempestad, junto a Vashj en la Reserva Colmillo Torcido, se preparaba para un plan tan ambicioso como desesperado: regresar a su propia tierra natal, Quel'Thalas, y usar el poder de la Fuente del Sol —con la ayuda de un contenedor de energía viviente conocido como Anveena— para invocar a Kil'jaeden directamente en Azeroth, exactamente igual que Arthas había hecho años atrás para resucitar a Kel'Thuzad.
La batalla por la Fuente del Sol
La Horda y la Alianza, con la ayuda de sus nuevos aliados en Terrallende y de los propios naaru —seres de energía pura que gobernaban la ciudad santuario de Shattrath—, no estaban dispuestos a permitir que aquello ocurriera. Los ejércitos combinados de Shattrath marcharon hasta Quel'Thalas para detener el ritual de Kael'thas antes de que fuera demasiado tarde.El ritual fue interrumpido en el último momento. Kil'jaeden fue desterrado de vuelta al Vacío Retorcido antes de poder completar su invocación en Azeroth, aunque no sin antes dejar caer una advertencia inquietante sobre lo que estaba por venir para la propia Legión Ardiente. La Fuente del Sol, gravemente dañada tras el ritual, fue finalmente restaurada gracias al sacrificio conjunto de las fuerzas aliadas y de los propios naaru, devolviendo a los elfos de sangre, por fin, una fuente real y estable de la magia que tanto habían necesitado desde la Tercera Guerra.
El desenlace
Cuando la Fuente del Sol vuelve a arder con luz propia, Terrallende y Quel'Thalas quedan, por fin, relativamente en calma:- Illidan Tempestira ha sido derrotado, y su cuerpo —o lo que quede de él— desaparece sin dejar rastro claro.
- Kael'thas y Lady Vashj, los últimos grandes agentes de la Legión en Terrallende, caen también derrotados, cerrando definitivamente el capítulo de la amenaza demoníaca directa sobre aquel mundo roto.
- Los draenei y los elfos de sangre quedan integrados de forma permanente en la Alianza y la Horda respectivamente, cambiando para siempre el equilibrio de ambas facciones.
- Kil'jaeden, aunque desterrado, deja claro que la Legión Ardiente no ha dicho su última palabra.
Guía elaborada a partir de fuentes oficiales de Blizzard y de las wikis de referencia de la comunidad hispanohablante, contrastando cada sección contra varias fuentes antes de redactarla. Continúa en el Capítulo VIII: Wrath of the Lich King — la expansión que estamos jugando en este servidor.