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Capítulo VI — World of Warcraft (2004)

Publicado: Jue Ago 13, 2026 1:15 am
por ADMIN

Un mundo que intenta respirar

Han pasado varios años desde la Batalla del Monte Hyjal. La Nueva Horda, liderada por Thrall, se ha asentado definitivamente en Kalimdor, construyendo Orgrimmar junto a tauren y trolls. La Alianza, con sus reinos humanos diezmados tras la caída de Lordaeron, se reorganiza en torno a lo que queda en pie: Ventormenta, Forjaz, Amanecer Dorado. Ninguno de los dos bandos ha olvidado del todo las heridas de la Tercera Guerra, y aunque no existe una guerra abierta entre Horda y Alianza, la desconfianza sigue siendo profunda.

Pero mientras el mundo intenta reconstruirse, varias amenazas —algunas nuevas, otras mucho más antiguas de lo que nadie imagina— empiezan a moverse en las sombras.

La sombra sobre Ventormenta: el engaño de Onyxia

En el corazón mismo de la Alianza, en Ventormenta, se estaba gestando una de las conspiraciones más elaboradas de toda la historia reciente del reino. El rey Varian Wrynn desapareció en circunstancias sospechosas durante un viaje diplomático hacia la isla de Theramore, sumiendo al reino en la incertidumbre. Su hijo de apenas diez años, Anduin Wrynn, fue coronado para preservar el orden, con el Gran Señor Bolvar Fordragón actuando como Regente hasta que el joven rey alcanzara la edad de gobernar por sí mismo.

Entre las voces más influyentes de la corte se encontraba una noble llamada Lady Katrana Prestor, convertida en consejera real de la Casa Wrynn. Nadie sospechaba su verdadera identidad: Katrana Prestor era, en realidad, Onyxia, hija del dragón corrupto Alamuerte y hermana del propio Nefarian, disfrazada bajo forma humana para infiltrarse en la política de Ventormenta exactamente igual que había hecho su padre durante la Segunda Guerra. Usando un amuleto mágico para controlar sutilmente la voluntad del Regente Bolvar, Onyxia manipuló decisiones políticas y militares clave, evitando por ejemplo el envío de refuerzos a aliados de la Alianza en momentos críticos.

Cuando Varian finalmente "regresó" a Ventormenta, algo no encajaba: el rey se mostraba frívolo, errático, extrañamente fascinado por Lady Prestor, muy distinto del gobernante que su pueblo recordaba. La verdad, revelada solo tiempo después, era mucho más retorcida: el auténtico Varian había sido capturado y esclavizado como gladiador —conocido en aquel submundo solo como Lo'Gosh—, mientras Onyxia usaba una versión debilitada y manipulable del rey como marioneta para consolidar su control sobre el reino.

El engaño se desmoronó cuando el mariscal Reginald Windsor, desaparecido durante mucho tiempo en su propia investigación, logró finalmente reunir pruebas de la verdadera identidad de Lady Prestor y confrontarla directamente en el Castillo de Ventormenta. Onyxia, acorralada, reveló su forma real de dragón ante toda la corte, matando a Windsor en el proceso. En medio del caos, el auténtico Varian —liberado de su cautiverio como Lo'Gosh— llegó a tiempo para enfrentarse a su propio doble corrompido por la magia de Onyxia, mientras Bolvar y el joven Anduin acudían en su ayuda. Onyxia, viendo que su plan se derrumbaba, secuestró al propio Anduin y huyó hacia su guarida bajo la Montaña Roca Negra, dejando tras de sí una Ventormenta conmocionada pero, por fin, con la verdad al descubierto.

La amenaza bajo Roca Negra: Nefarian y Ragnaros

La guarida de Onyxia no era la única amenaza que dormía bajo la Montaña Roca Negra. Su hermano, Nefarian —conocido en su forma humana como Lord Victor Nefarius—, llevaba tiempo experimentando en secreto con la sangre de otros dragones en las profundidades de la montaña, buscando crear una nueva generación de dracthyr y consolidar su propio poder para, algún día, reclamar el legado de su padre Alamuerte como el gran tirano de Azeroth.

Más profundamente aún, en el corazón mismo de la montaña, dormía una amenaza mucho más antigua: Ragnaros, el semidiós señor del fuego, invocado por error siglos atrás por los enanos Hierro Negro mientras excavaban demasiado hondo en busca de riquezas. Desde entonces, Ragnaros esperaba en su Núcleo de Magma, protegido por hordas de servidores elementales, como una de las amenazas más peligrosas de toda la región de Khaz Modan.

El despertar de un Dios Antiguo

Muy lejos de Roca Negra, en el desierto de Silithus, algo mucho más antiguo que cualquier dragón empezaba también a agitarse. Siglos atrás, durante la llamada Guerra de las Arenas Cambiantes, las razas mortales de Azeroth habían luchado contra los insectoides qiraji, sellando su ciudad de Ahn'Qiraj y a su gobernante en su interior. Aquel gobernante no era otra cosa que un Dios Antiguo: C'Thun, una entidad de un poder y una antigüedad que escapaban a cualquier comprensión mortal, sellado pero nunca verdaderamente derrotado.

Con el paso de los años, C'Thun comenzó a remover de nuevo sus defensas desde el interior de Ahn'Qiraj, y los insectoides qiraji, fieles a su antiguo amo, empezaron a agitarse también. La amenaza no pasó desapercibida: el Círculo Cenariano, una antigua orden de druidas que llevaba generaciones vigilando los páramos de Silithus precisamente por si algo así llegaba a ocurrir, dio la voz de alarma, uniendo esfuerzos tanto con la Horda como con la Alianza para hacer frente a lo que se avecinaba.

La sombra que nunca se fue: Kel'Thuzad y Naxxramas

Mientras todo esto ocurría, en el este, sobre las ruinas de la ciudad de Stratholme —la misma que Arthas había purgado años atrás—, flotaba una amenaza que nunca había sido derrotada del todo: la necrópolis de Naxxramas, dominio del liche Kel'Thuzad. Aunque el Rey Exánime gobernaba ahora desde Corona de Hielo, muy lejos, en el continente de Rasganorte, había confiado a Kel'Thuzad la tarea de mantener viva la presencia del Azote en Lordaeron, alimentando la plaga que seguía asolando las tierras del este.

Dos facciones se disputaban el control de aquellas tierras infestadas: la Cruzada Escarlata, una orden fanática decidida a exterminar cualquier rastro de no-muerte sin importar el coste —incluyendo, en ocasiones, a inocentes sospechosos de estar infectados—, y el Alba Argenta, una organización neutral que daba la bienvenida tanto a miembros de la Horda como de la Alianza, centrada exclusivamente en combatir al Azote sin entrar en la vieja rivalidad entre facciones. Con el tiempo, y tras un desgaste constante tanto por parte del Alba Argenta como de los propios ataques de la Cruzada Escarlata contra las defensas de la necrópolis, Naxxramas quedó lo bastante debilitada como para que aventureros de ambas facciones lograran, finalmente, adentrarse en su interior y enfrentarse cara a cara con Kel'Thuzad.

El desenlace

Azeroth, tras estos años convulsos, sigue en pie, pero ninguna de las amenazas que han sacudido el mundo ha surgido de la nada:
  • Ventormenta sobrevive al engaño de Onyxia, con Varian de vuelta en el trono —aunque profundamente marcado por su cautiverio— y con la amenaza de los dragones negros bajo Roca Negra convertida en un problema que tarde o temprano habrá que resolver de forma definitiva.
  • C'Thun, uno de los seres más antiguos y peligrosos que existen, sigue agitándose bajo la arena de Silithus, recordando a Azeroth que las amenazas más terribles del mundo no siempre llevan armadura ni empuñan una espada.
  • Kel'Thuzad, tras años manteniendo viva la presencia del Azote en Lordaeron, es finalmente derrotado en las profundidades de Naxxramas por una coalición de aventureros de ambas facciones.
  • Y mientras tanto, muy lejos de Azeroth, en un mundo roto llamado Terrallende, alguien que muchos daban ya por muerto —Illidan Tempestira— ha estado reconstruyendo silenciosamente su poder durante años, junto a Kael'thas, Vashj y los restos de la Legión Ardiente que aún vagan por aquellas tierras.
El Portal Oscuro, destruido durante la Segunda Guerra y reconstruido después, sigue existiendo. Y muy pronto, tanto la Horda como la Alianza descubrirán que aquel portal está a punto de volver a abrirse.

Guía elaborada a partir de fuentes oficiales de Blizzard y de las wikis de referencia de la comunidad hispanohablante, contrastando cada sección contra varias fuentes antes de redactarla. Continúa en el Capítulo VII: The Burning Crusade.