Capítulo V — Warcraft III: The Frozen Throne (2003)
Publicado: Jue Ago 13, 2026 1:12 am
Un mundo que no ha terminado de asentarse
La Batalla del Monte Hyjal detuvo a la Legión Ardiente, pero no cerró ninguna de las historias que quedaron abiertas tras la Tercera Guerra. Arthas, convertido en Caballero de la Muerte, se dirige hacia Rasganorte para reunirse con su amo. Illidan, exiliado de nuevo, busca desesperadamente una forma de redimirse. Y en las ruinas de Lordaeron, miles de no-muertos siguen existiendo bajo el control del Rey Exánime, sin saber que su propia libertad está a punto de nacer desde dentro de sus propias filas.Esta expansión cuenta tres historias que avanzan en paralelo, cada una protagonizada por un bando distinto.
Parte I: El legado de los malditos — la rebelión de Sylvanas
Tras la Batalla del Monte Hyjal, el Rey Exánime —debilitado por la derrota de la Legión— ordenó a Arthas regresar de inmediato a Rasganorte. Antes de partir, Arthas dejó Lordaeron bajo la vigilancia de tres Señores del Terror (Nathrezim): Varimathras, Detheroc y Balnazzar, con instrucciones de mantener el control sobre el Azote en su ausencia.Los tres señores del terror, sin embargo, empezaron a ignorar las órdenes de un amo derrotado y ausente, y a actuar cada vez más por cuenta propia. Fue entonces cuando Sylvanas Brisaveloz —la antigua General-Forestal de Quel'Thalas convertida por Arthas en banshee esclava— vio su oportunidad. Aprovechando el debilitamiento general del control sobre el Azote, Sylvanas tendió una emboscada a Arthas cuando este pasó de nuevo por Lordaeron: le disparó una flecha envenenada creada por ella misma, paralizándolo, y estuvo a punto de matarlo con sus propias manos como venganza por todo lo que le había hecho sufrir. Solo la intervención providencial de Kel'Thuzad, apareciendo en el último momento, evitó su muerte y permitió a Arthas escapar hacia Rasganorte.
Aquel enfrentamiento, sin embargo, tuvo una consecuencia que ni el propio Arthas esperaba: en el proceso, Sylvanas y otros no-muertos quedaron liberados del control directo de Ner'zhul, aunque conservaran su aspecto de muertos vivientes. Aprovechando esta libertad recién descubierta, Sylvanas se enfrentó a los tres Señores del Terror que habían quedado al mando de Lordaeron, obligando a Varimathras —el más débil y ambicioso de los tres— a traicionar y matar a uno de sus propios hermanos, Balnazzar (que en realidad sobrevivió en secreto, infiltrándose después como líder de la Cruzada Escarlata), y sometiendo al propio Varimathras a su voluntad.
Con sus enemigos eliminados o sometidos, Sylvanas se proclamó líder de una nueva facción de no-muertos libres del control tanto de la Plaga como de la Legión: los Renegados. Tomó el control de las catacumbas bajo las ruinas de Ciudad Capital —rebautizadas como Entrañas— y comenzó a construir, desde los restos de la tragedia que ella misma había sufrido, una nación propia decidida a no volver a servir jamás a ningún amo.
Parte II: El terror de las mareas — Illidan y la caza de Maiev
Mientras tanto, Illidan Tempestira, exiliado tras su transformación en semidemonio, viajó hasta Rasganorte con la esperanza de encontrar el Ojo de Sargeras, un artefacto de poder inmenso que creía capaz de destruir al Rey Exánime de una vez por todas y, con ello, demostrar su valía ante quienes lo habían desterrado.Su antigua carcelera, la vigilante Maiev Sombra de Canción, que llevaba años vigilando su prisión antes de que Tyrande lo liberara, no estaba dispuesta a dejarlo escapar de su justicia. Maiev persiguió a Illidan sin descanso, pidiendo ayuda a Malfurion Tempestira —hermano gemelo de Illidan— y a la propia Tyrande para darle caza.
Durante la persecución, ocurrió un incidente que estuvo a punto de desencadenar una tragedia mayor: Tyrande fue arrastrada por un río mientras intentaba ayudar a un grupo de elfos de sangre liderados por el príncipe Kael'thas, y Maiev, viendo la oportunidad, hizo creer a Malfurion que Illidan era el responsable de su muerte. Cuando finalmente capturaron a Illidan, la verdad salió a la luz: Tyrande seguía viva, y había sido el propio Illidan quien había ayudado a rescatarla del río. Malfurion, aliviado y agradecido, perdonó a su hermano por sus acciones con el Ojo de Sargeras... aunque no revocó su exilio. Illidan, libre de nuevo pero sin un hogar al que volver, huyó hacia las Tierras Devastadas, los restos rotos de lo que una vez fue Draenor.
Parte III: La maldición de los elfos de sangre
En paralelo, en Lordaeron, los últimos supervivientes de los altos elfos —quienes, tras la destrucción de su Fuente del Sol a manos de Arthas, habían comenzado a llamarse a sí mismos elfos de sangre en homenaje a su patria perdida y a la sangre derramada defendiéndola— luchaban junto a la Alianza bajo el mando de un comandante humano llamado Lord Garithos, un hombre profundamente desdeñoso hacia cualquier raza que no fuera la suya.Garithos encomendó al príncipe Kael'thas Sunstrider, líder de los elfos de sangre, la tarea de reparar y defender unos observatorios estratégicos. Lo que Garithos no sabía es que Kael'thas, desesperado por encontrar una forma de saciar la terrible adicción a la magia arcana que ahora consumía a su pueblo tras la pérdida de la Fuente del Sol, había empezado a recibir ayuda de los naga de Lady Vashj —criaturas mitad serpiente que antaño habían sido elfos de la noche, transformadas milenios atrás—. Cuando Garithos descubrió esta alianza con los naga, encarceló a los elfos de sangre por lo que consideraba una traición imperdonable, condenándolos a muerte por "confraternizar con las inmundas naga".
Vashj no abandonó a sus nuevos aliados: rescató a Kael'thas y a su pueblo de las mazmorras y los condujo hasta las Tierras Devastadas, donde se reencontraron con Illidan. Kael'thas, consciente de que sin ayuda su gente terminaría muriendo de la propia sed de magia que los consumía, juró lealtad al cazador de demonios. Illidan no podía ofrecerles una cura real, pero sí podía enseñarles a extraer magia de otras fuentes para saciar temporalmente su hambre —un alivio a cambio de servidumbre.
Juntos —Illidan, Vashj y Kael'thas—, con la ayuda de una facción de draenei corrompidos conocidos como los Tábidos, liderados por Akama, conquistaron las Tierras Devastadas, derrotando al poderoso señor del foso Magtheridon y consolidando el control de Illidan sobre aquel mundo roto.
El ultimátum de Kil'jaeden
La victoria, sin embargo, no pasó desapercibida para quien de verdad movía los hilos detrás de Illidan: el señor demonio Kil'jaeden, su antiguo maestro, que seguía esperando que Illidan cumpliera la misión que le había encomendado años atrás: destruir al Rey Exánime. Kil'jaeden encontró a Illidan y le dio un ultimátum brutal: o destruía de una vez el Trono de Hielo, o sufriría su ira eterna.Illidan, consciente de que no podía volver a fallarle a su amo, reunió a sus aliados —los elfos de sangre y los naga— y viajó hasta la helada Rasganorte para intentar, por fin, asaltar el Trono de Hielo.
El enfrentamiento final: Arthas contra Illidan
Cuando Illidan y sus fuerzas llegaron a Corona de Hielo, se encontraron con que Arthas —de regreso junto a su amo tras escapar de la emboscada de Sylvanas— ya les esperaba, dispuesto a defender al Rey Exánime a cualquier precio. El enfrentamiento entre ambos fue durísimo. Durante buena parte del combate, Illidan pareció llevar la ventaja... pero en un momento de descuido, Arthas aprovechó la abertura y lo derrotó, dejándolo gravemente herido, quizás muerto, en la nieve. Antes de continuar su camino, Arthas le advirtió que se marchara de Rasganorte y no regresara jamás.Con Illidan fuera de combate, Arthas ascendió, por fin, hasta la cima de Corona de Hielo, donde el Trono de Hielo y el yelmo de dominación del Rey Exánime lo esperaban.
La fusión final
En el instante en que Arthas se encontró cara a cara con el Rey Exánime, algo cambió. Dominado por un impulso de furia que ni él mismo terminaba de comprender, Arthas destrozó con su espada el témpano de hielo que aprisionaba el alma de Ner'zhul, liberándola de golpe. El yelmo de dominación cayó, y el Trono de Hielo —antes un bloque de hielo sólido— se quebró, adoptando el aspecto de un asiento de cristal resquebrajado.Lo que ocurrió a continuación no fue una batalla ni una negociación: fue una fusión. La voluntad de Ner'zhul y la de Arthas se combinaron en una sola entidad, con la determinación fría y calculadora de Arthas terminando por dominar sobre los restos de la personalidad del viejo chamán orco. Arthas Menethil ya no era simplemente un Caballero de la Muerte al servicio del Rey Exánime.
Arthas era, ahora, el Rey Exánime.
El desenlace
Cuando la nieve se asienta sobre Corona de Hielo, el equilibrio de fuerzas en Azeroth y sus alrededores ha cambiado de nuevo:- Sylvanas Brisaveloz gobierna ahora sobre los Renegados, una nueva nación de no-muertos libres asentada en las ruinas de Lordaeron, sin lealtad ni al Azote ni a la Legión ni, todavía, a ninguna de las dos grandes facciones de Azeroth.
- Illidan Tempestira, derrotado y posiblemente agonizante, desaparece de la vista de todos, exiliado ya no solo de su hogar entre los elfos de la noche, sino también de cualquier lugar seguro en Azeroth.
- Kael'thas y los elfos de sangre, junto a los naga de Vashj, quedan asentados en las Tierras Devastadas, sirviendo ahora a los designios de un Illidan ausente y de un Kil'jaeden que no ha olvidado sus propios planes para aquel mundo roto.
- Arthas Menethil ha dejado de existir del todo. En su lugar, sentado sobre un trono de hielo resquebrajado en la cima de Corona de Hielo, gobierna un nuevo Rey Exánime: la fusión definitiva entre el príncipe caído y el viejo chamán que la Legión Ardiente convirtió en arma hace ya muchos años.
Guía elaborada a partir de fuentes oficiales de Blizzard y de las wikis de referencia de la comunidad hispanohablante, contrastando cada sección contra varias fuentes antes de redactarla. Continúa en el Capítulo VI: World of Warcraft.