Capítulo III — Warcraft II: Beyond the Dark Portal (1996)

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ADMIN
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Capítulo III — Warcraft II: Beyond the Dark Portal (1996)

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Una grieta que nunca se cerró del todo

Tras la victoria de la Alianza en la Segunda Guerra, con Orgrim Doomhammer encadenado y el Portal Oscuro bajo control humano, muchos creyeron que la amenaza orca había quedado atrás. Pero el portal, aunque vigilado, seguía existiendo. Y no tardó en llegar la prueba de que aquello sería un problema: un pequeño grupo de supervivientes del Clan Colmillo Sangriento, que llevaba más de treinta años viviendo escondido entre las tierras humanas desde la Primera Guerra, encontró la manera de usar la grieta para regresar a Draenor. Con ellos viajaba una noticia que reactivaría todo el conflicto: la Horda en Azeroth había sido derrotada, pero en Draenor todavía quedaban clanes libres.

Ner'zhul: el chamán que quiso redimirse

En Draenor, durante todo este tiempo, el poder había recaído en un viejo conocido: Ner'zhul, el chamán del Clan Shadowmoon que años atrás había sido el maestro de Gul'dan, y a quien Kil'jaeden había manipulado desde el principio a través de visiones fingidas de su esposa muerta. Apartado de sus tradiciones chamánicas y abandonado por los espíritus ancestrales de los orcos tras años de manipulación demoníaca, Ner'zhul se había convertido en una figura amargada, celosa y obsesionada con recuperar el respeto de su pueblo.

Cuando el Colmillo Sangriento regresó con noticias de Azeroth, Ner'zhul tomó el control de los clanes que aún quedaban libres en Draenor y empezó a reunir un nuevo ejército. Pero esta vez no dependía de un brujo como Gul'dan para lograr su objetivo: la clave llegó de la mano de un caballero de la muerte llamado Teron Gorefiend.

El plan de Gorefiend

Gorefiend, un antiguo orco convertido en un ser no-muerto tras la caída de Gul'dan y el Consejo de las Sombras, se acercó a Ner'zhul con una propuesta: él conocía la forma de abrir portales hacia nuevos mundos, y a cambio de su ayuda solo pedía un territorio propio que los caballeros de la muerte de Draenor pudieran reclamar como suyo. Ner'zhul, viendo en aquello la oportunidad perfecta para redimirse ante los ojos de su pueblo abriendo el camino hacia una nueva conquista, aceptó.

Para completar el ritual necesario, Ner'zhul envió de vuelta a Gorefiend a Azeroth con una misión muy concreta: recuperar el Libro de Medivh, el grimorio del difunto Guardián que contenía el conocimiento necesario para manipular las energías de los portales dimensionales.

La Horda se fractura

A diferencia de la unidad —forzada, pero real— que Gul'dan había impuesto años atrás mediante la Sangre de Mannoroth, la Horda que Ner'zhul intentaba reconstruir en Draenor estaba lejos de ser un bloque homogéneo. Algunos caudillos, como Grom Grito de Guerra, del Clan Grito de Guerra, desconfiaban abiertamente del propio Ner'zhul, aunque aun así estaban dispuestos a liderar a sus clanes a la batalla por sed de gloria. Otros, como Kargath Filo Manco, del temido Clan Mano Rota —conocido por haberse arrancado su propia mano para escapar de un cautiverio y sustituirla por una guadaña—, se mostraban igual de ansiosos por derramar sangre humana de nuevo.

Pero no todos los clanes se sumaron al plan de Ner'zhul. Algunos, hastiados de años de guerra y manipulación, se mostraron dispuestos a alinearse con la Alianza cuando esta finalmente llegó a Draenor.

La Expedición de la Alianza

De vuelta en Azeroth, la Alianza no tardó en descubrir lo que ocurría al otro lado del Portal Oscuro. Decidida a poner fin a la amenaza orca de una vez por todas —esta vez en su propio origen—, organizó una expedición militar de élite para cruzar a Draenor y evitar que una nueva invasión llegara siquiera a materializarse.

Al mando de la expedición viajaban algunos de los héroes más destacados de la Segunda Guerra:
  • Turalyon, el joven paladín que había tomado el mando de la Alianza tras la muerte de Lothar.
  • Khadgar, el archimago envejecido por la maldición que lo marcó al matar a su propio maestro, Medivh.
  • Alleria Brisaveloz, arquera de los altos elfos, una de las mejores tiradoras de toda la Alianza.
  • Kurdran Martillo Salvaje, jinete de grifo de los enanos Martillo Salvaje.
  • Danath Aterratrols, comandante humano de gran renombre.
Al cruzar el Portal Oscuro, la expedición se encontró con una Horda desorganizada, dividida entre los clanes leales a Ner'zhul y quienes ya no creían en la causa. Algunos clanes, cansados del ciclo interminable de guerra y manipulación demoníaca, optaron por aliarse directamente con la Alianza en su lucha contra Ner'zhul.

La carrera contra el tiempo

Mientras la Alianza y sus nuevos aliados orcos se enfrentaban a las fuerzas de Ner'zhul en el campo de batalla, Khadgar trabajaba en paralelo en la única forma real de acabar con la amenaza de raíz: sellar el Portal Oscuro para siempre desde el lado de Draenor. Para conseguirlo, necesitaba dos objetos de poder: el propio Libro de Medivh —que Gorefiend había robado de Azeroth— y la Calavera de Gul'dan, con ayuda del Clan Calavera Risueña, uno de los clanes que había decidido apoyar a la Alianza.

Ner'zhul, por su parte, cada vez más desesperado al ver que su plan se desmoronaba y que la Alianza le pisaba los talones, cometió un error fatal: en un intento por escapar y encontrar un nuevo mundo que conquistar a cualquier precio, comenzó a abrir un número descontrolado de portales hacia el Vacío Retorcido, sin comprender —o sin importarle— las consecuencias de manipular tal cantidad de energía dimensional a la vez.

El propio Ner'zhul cruzó uno de esos portales huyendo de la batalla... y se encontró de nuevo, cara a cara, con el señor demonio que llevaba años manipulándolo: Kil'jaeden. Lo que ocurrió a partir de ese encuentro no se sabría hasta años más tarde, cuando la verdad saliera a la luz durante la Tercera Guerra.

La implosión de Draenor

Los múltiples portales abiertos sin control por Ner'zhul desestabilizaron las propias energías mágicas que mantenían unido el planeta. Draenor comenzó a desgarrarse por dentro, y la amenaza de que aquella destrucción se extendiera también hacia Azeroth a través del Portal Oscuro se volvió muy real.

Khadgar, consciente de que no había tiempo que perder, utilizó el Libro de Medivh y la Calavera de Gul'dan para destruir el Portal Oscuro desde el lado de Draenor. Fue una decisión desgarradora: sellar el portal significaba, casi con toda seguridad, condenar a la Expedición de la Alianza a quedar atrapada para siempre en un mundo que se estaba desmoronando. Pero era la única forma de garantizar que Azeroth quedara a salvo.

Con el portal destruido y Draenor desintegrándose a su alrededor, Khadgar y los supervivientes de la expedición no tuvieron más opción que arrojarse a uno de los muchos portales inestables que aún quedaban abiertos, sin saber siquiera a dónde los llevaría, con tal de escapar de la destrucción total del planeta.

Cuando el polvo —literalmente— se asentó, lo que quedaba de Draenor no era ya un planeta, sino un archipiélago de fragmentos flotantes suspendidos en el vacío, un mundo roto que con el tiempo pasaría a conocerse como Terrallende.

El desenlace

De vuelta en Azeroth, la noticia de la destrucción del Portal Oscuro se recibió con sentimientos encontrados. La amenaza orca parecía definitivamente neutralizada... pero a un precio muy alto:
  • La Expedición de la Alianza al completo —Turalyon, Khadgar, Alleria, Kurdran y Danath— quedó atrapada en algún punto perdido de Terrallende, sin contacto con Azeroth. Para el resto del mundo, pasarían a ser considerados héroes desaparecidos, presuntamente muertos.
  • Ner'zhul, tras su encuentro con Kil'jaeden más allá del portal, desapareció también de la vista de Azeroth. Su destino permanecería siendo un misterio durante años.
  • La victoria, aunque real, dejó fracturas profundas dentro de la propia Alianza: los altos elfos, sintiendo que la coalición no había hecho lo suficiente para proteger su hogar de Quel'Thalas durante la guerra, comenzaron a distanciarse. Y dentro de los propios reinos humanos, surgieron disputas sobre qué hacer con los prisioneros de guerra orcos que aún quedaban en cautiverio: algunos abogaban por mantenerlos retenidos, mientras otros defendían abiertamente su exterminio.
Aquellas grietas internas —el resentimiento de los elfos, la crueldad hacia los prisioneros orcos, la ausencia de los héroes desaparecidos en Terrallende— no se curarían con el tiempo. Al contrario: sentarían las bases de las tensiones que, años después, marcarían el inicio de un conflicto mucho mayor.

Guía elaborada a partir de fuentes oficiales de Blizzard y de las wikis de referencia de la comunidad hispanohablante, contrastando cada sección contra varias fuentes antes de redactarla. Continúa en el Capítulo IV: Warcraft III: Reign of Chaos — La Tercera Guerra.
Imagen IceTracks WotLK

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